Porsche boicoteó el primer alerón de la historia instalado en 550 Spyder privado

Hoy resulta difícil imaginar un auto de competición sin un alerón. Pero en los años 50, la aerodinámica tenía un papel muy diferente y la idea de colocar un ala sobre un automóvil podía parecer una locura.

En 1956, un ingeniero suizo y piloto aficionado de apenas 22 años, Michael May, decidió probar algo que cambiaría para siempre la manera de entender la aerodinámica en las carreras.

May estudiaba ingeniería en la Universidad Técnica de Zúrich y competía con un Porsche 550 Spyder que había conseguido gracias a su hermano Pierre. El auto era extremadamente ligero y contaba con un motor de 1.5 litros y 110 HP, pero eso no era suficiente para enfrentarse a los equipos oficiales de Porsche.

En aquella época, la aerodinámica en los autos de competición se habían concentrado principalmente en reducir la resistencia al aire para ganar velocidad en las rectas. El problema aparecía al llegar a las curvas, porque  había que levantar el pie del acelerador y ahí se perdía buena parte de la ventaja.

May tuvo entonces otra idea: si podía conseguir que el auto se pegara al suelo, podría mantener mayor velocidad en las curvas.

Para ello recordó al Opel RAK 2, el automóvil propulsado por cohetes que utilizaba alas para evitar que el vehículo se levantara del suelo. Si un ala de avión genera sustentación hacia arriba, al invertirla podría producir el efecto contrario y empujar el automóvil hacia abajo.

Así que May diseñó un sistema para instalar un ala invertida sobre su Porsche 550 Spyder, justo por encima del puesto de conducción central. La ubicación buscaba conservar el equilibrio y el comportamiento dinámico del automóvil.

El alerón podía cambiar su inclinación mediante un mecanismo mecánico. Con 3 grados se reducía la resistencia al avance, mientras que al llegar a 17 grados aumentaba la carga aerodinámica. También incorporaba grandes placas laterales para evitar que el flujo de aire de alta presión escapara hacia la zona de baja presión debajo del ala.

May había reunido en un solo dispositivo elementos que posteriormente serían fundamentales en la aerodinámica de competición: el alerón, los endplates y un sistema para reducir la resistencia aerodinámica.

La prueba llegó en los 1.000 km de Nürburgring de 1956.Cuando Michael May apareció con su Porsche 550, aquel enorme dispositivo parecía más una mesa colocada en medio del automóvil que una pieza de ingeniería. Las burlas no tardaron en aparecer, hasta que comenzó a marcar tiempos.

Durante los entrenamientos, May consiguió el cuarto mejor tiempo, por delante de pilotos como Juan Manuel Fangio y Jean Behra, y también de los Porsche oficiales.

Entonces Huschke von Hanstein, jefe de competición de Porsche, presentó una protesta para solicitar que el alerón fuera prohibido. Argumentó que el dispositivo no era seguro y que podía obstaculizar la visión de los pilotos que circulaban detrás del Porsche de May.

Los comisarios habían aceptado inicialmente el automóvil, pero finalmente cambiaron de decisión y prohibieron el alerón.Pero la historia, no terminó ahí.

Más de una década después, la idea de utilizar superficies aerodinámicas para generar carga comenzó a aparecer nuevamente en los autos de competición. En 1967, Jim Hall ya utilizaba un alerón regulable en su Chaparral 2E dentro del campeonato Can-Am.

Y en Fórmula 1, el gran cambio llegó en 1968. El Lotus 49B de Graham Hill utilizó un alerón en el Gran Premio de Mónaco, mientras que poco después Mauro Forghieri desarrolló un alerón para el Ferrari 312 F1. A partir de entonces, la aerodinámica comenzó a convertirse en una parte cada vez más importante del desarrollo de los monoplazas.

Michael May quizá no ganó aquella carrera con su invento, pero puso una idea sobre la pista que tardaría poco más de una década en transformar el automovilismo.

BMW GINA: El auto con piel adaptable

En 2008 BMW llevó el auto del futuro a otro nivel con su concepto GINA Light Visionary Model, un automóvil que decidió que el problema no era cómo diseñar la carrocería del futuro, sino preguntarse si realmente necesitábamos una carrocería como las que conocíamos.

A primera vista, el GINA parece un roadster salido de una película de ciencia ficción. Lo que definitivamente no cuadraba era su carrocería nada convencional. En lugar de cofre, puertas, salpicaderas y demás paneles rígidos, BMW colocó una estructura metálica cubierta por una especie de piel textil flexible.

El nombre GINA viene de Geometry and Functions In “N” Adaptions, un principio desarrollado por BMW Group Design para explorar nuevas posibilidades de diseño y funcionalidad. La intención no era crear simplemente otro prototipo espectacular para un salón del automóvil, sino utilizarlo como un objeto de investigación, una forma de cuestionar cómo debía ser el automóvil y qué tanta libertad podía tener un diseñador para cambiarlo.

La estructura del automóvil estaba formada por una cantidad mínima de elementos metálicos, cubiertos por un tejido especial resistente al agua, a las temperaturas extremas y a la expansión constante. Debajo de esa superficie había una estructura de metal reforzada en determinados puntos con fibra de carbono, capaz de modificar algunas de sus formas mediante controles electro hidráulicos y eléctricos.

Los faros permanecían ocultos debajo de la tela cuando no eran necesarios. Al encenderlos, la estructura situada debajo movía la cubierta y la abría a ambos lados de la característica parrilla de BMW, revelando los grupos ópticos.

Pero no era el único truco, la parte trasera también podía modificar su forma. El spoiler podía elevarse automáticamente cuando el automóvil alcanzaba determinada velocidad para generar mayor carga sobre el eje trasero. Los laterales, por su parte, podían cambiar su configuración para modificar el flujo de aire y mejorar la aerodinámica.

Cuando el automóvil necesita mayor entrada de aire, la estructura metálica situada debajo de la tela se mueve y modifica la tensión de la superficie. La tela permanece estirada, pero aparecen nuevas líneas y formas en la carrocería.

El GINA no tenía una carrocería que simplemente estaba ahí, sino que reaccionaba dependiendo las necesidades de conducción.

Probablemente una de las partes más curiosas estaba en la zona del motor. En lugar de levantar un cofre convencional, la cubierta textil se abría desde el centro y se desplazaba hacia ambos lados, dejando acceso a los puntos de servicio del motor.

Las puertas tampoco se comportan como las de un automóvil convencional, se abrían hacia afuera y hacia arriba. Al hacerlo, la tela formaba pliegues perfectamente definidos; cuando las puertas vuelven a cerrarse, la superficie recupera su tensión y los pliegues desaparecen.

La tecnología del concepto GINA  no estaba pensada solamente para hacer al automóvil más espectacular, también buscaba crear una relación diferente entre el conductor y el coche.

Chris Bangle, entonces responsable del diseño de BMW, explicaba que este tipo de flexibilidad podía llegar a los automóviles de producción en el futuro, permitiendo incluso que cada propietario configurara su vehículo de acuerdo con sus propias necesidades. Pero el GINA no estaba pensado para convertirse directamente en un modelo de producción.

El GINA nunca necesitó llegar a una agencia para cumplir su propósito. Su función era provocar preguntas, experimentar con materiales, explorar nuevas formas de fabricación y demostrar que el diseño automotriz podía ser mucho más flexible de lo que se había imaginado.

¿Por qué los neumáticos de Fórmula 1 son lisos?

A simple vista, las llantas de un monoplaza de Fórmula 1 mantienen una enorme diferencia de los que utilizamos en un automóvil convencional, pues no tienen ranuras ni dibujos en la superficie. Sin embargo, esta característica es importante para maximizar el contacto entre el neumático y el asfalto para obtener el mayor agarre posible.

Los neumáticos utilizados en condiciones secas son conocidos como slicks y su superficie completamente lisa permite aumentar el área de contacto con la pista. Al existir una mayor cantidad de goma en contacto directo con el pavimento, el automóvil obtiene más adherencia, lo que se traduce en una mejor tracción, frenado y, en consecuencia, un mayor rendimiento en pista.

Esto es especialmente importante en la Fórmula 1, donde los neumáticos son el único elemento del automóvil que está en contacto directo con el circuito. Los monoplazas pueden superar los 330 km/h, por lo que su comportamiento tiene una influencia directa tanto en el desempeño como en la seguridad del vehículo.

La falta de un patrón también está relacionada con el propósito para el que fueron desarrollados. Mientras que las llantas convencionales necesitan funcionar en una gran variedad de condiciones y cuentan con ranuras para ayudar a canalizar el agua, los slicks de Fórmula 1 están optimizados para ofrecer el máximo rendimiento sobre una pista seca. Además, utilizan compuestos de alto rendimiento que priorizan el agarre y funcionan a temperaturas muy elevadas.

Pero cuando aparece la lluvia, las reglas del juego cambian. Una superficie lisa deja de ser conveniente porque el agua puede quedar atrapada entre el neumático y la pista. Por ello, Pirelli desarrolla neumáticos específicos para condiciones de lluvia: los intermedios y los full wet. Ambos cuentan con ranuras que funcionan como canales para evacuar el agua y mantener el contacto con la pista. En el caso de los neumáticos para lluvia extrema, los canales son más profundos y permiten dispersar una mayor cantidad de agua, reduciendo el riesgo de aquaplaning.

La Fórmula 1 cuenta además con diferentes compuestos de slicks, diseñados para ofrecer distintos niveles de agarre y duración. Actualmente, la gama de Pirelli para 2026 comprende cinco compuestos para seco, del C1 al C5. Los más duros ofrecen una mayor duración y menor degradación, mientras que los más blandos proporcionan más agarre, aunque durante un periodo más corto. Para cada Gran Premio se seleccionan tres compuestos de acuerdo con las características del circuito y las condiciones previstas.

Esta diferencia entre agarre y duración convierte a los neumáticos en una pieza fundamental de la estrategia. Un compuesto blando puede permitir tiempos de vuelta más rápidos, pero se degrada con mayor rapidez; uno de compuesto duro puede durar mucho más, aunque con menor nivel de adherencia. Por eso, elegir cuándo utilizar cada compuesto y cuándo detenerse en pits puede ser tan importante como la velocidad misma del automóvil.

Los materiales y la forma de los neumáticos de Fórmula 1 son una solución diseñada para conseguir el máximo rendimiento en seco. Al eliminar las ranuras, se aprovecha una mayor superficie de goma sobre el asfalto y se obtiene más agarre. Cuando la pista se moja, esa prioridad cambia y aparecen las ranuras, cuyo objetivo es evacuar el agua. Así, una característica que podría parecer extraña en un neumático convencional se convierte en una de las claves para que un Fórmula 1 pueda aprovechar toda su velocidad en el circuito.

BRM P83: el Fórmula 1 que llevaba dos motores en uno

En la Fórmula 1 de los años sesenta había espacio para las ideas más extrañas y raras.  Pocas fueron tan particulares como la del BRM P83, un monoplaza que llevó a la pista el BRM H16, uno de los motores más complejos que se hayan construido para la categoría.

En 1966, debido a  las nuevas regulaciones que permitían motores atmosféricos de hasta tres litros, BRM comenzó a buscar una alternativa a su famoso V8 de 1.5 litros. La solución fue  tomar dos unidades de ocho cilindros y colocarlas una encima de la otra, creando una configuración H16. En esencia, eran dos motores de ocho cilindros unidos mediante sus cigüeñales y trabajando como un solo propulsor.

El resultado era un motor de tres litros único en la Fórmula 1. El H16 tenía ocho árboles de levas, cuatro sistemas de encendido y, para cada una de las dos unidades de ocho cilindros, su propio radiador, distribuidor y bomba de agua. Toda esta complejidad buscaba aprovechar conceptos que ya habían funcionado en el V8 de BRM, pero llevados a una escala mucho más extrema.

El problema era que el P83 era corto, ancho y extremadamente pesado. El H16 llegó a pesar alrededor de 250 kilogramos inicialmente, convirtiéndose en uno de los motores más pesados de la parrilla. Además, la disposición de sus componentes elevaba el centro de gravedad y el peso quedaba muy concentrado hacia la parte trasera del automóvil. Todo esto afectaba directamente la agilidad del monoplaza.

Tampoco era precisamente un motor discreto. El H16 producía alrededor de 423 hp a 10,500 rpm, pero tenía una banda de potencia muy estrecha. A pesar de su potencia, el peso y la complejidad del conjunto terminaron convirtiéndose en una desventaja considerable. Según la información recopilada sobre el P83, los problemas de motor, transmisión y sistemas relacionados provocaron la gran mayoría de sus abandonos: 27 de las 30 retiradas registradas en sus 40 participaciones.

El P83 debutó en Italia durante la temporada de 1966, pero no consiguió terminar ninguna carrera. El H16 también fue utilizado por Lotus en su Lotus 43 y, curiosamente, ese mismo motor consiguió algo que BRM no pudo lograr con su propio monoplaza, la victoria de Jim Clark, Lotus equipó su monoplaza con el H16 hasta el triunfo en el Gran Premio de Estados Unidos de 1966, en Watkins Glen.

Para 1967, BRM regresó con una versión mejorada del H16. El motor tuvo un desempeño algo más competitivo y Jackie Stewart consiguió un segundo lugar, mientras Mike Spence logró terminar algunas carreras en los puntos. Sin embargo, los problemas de confiabilidad continuaron y BRM terminó aquella temporada en la sexta posición del campeonato de constructores.

El H16 fue finalmente abandonado después de 1967. BRM llegó a preparar una versión más ligera y potente para 1968, pero decidió utilizar un nuevo V12 en su lugar.

El BRM P83 quedó así como uno de esos experimentos que probablemente nunca volverían a repetirse. Su H16 era demasiado complejo, demasiado pesado y muy poco confiable para convertirse en el éxito que BRM esperaba, pero precisamente por eso resulta tan fascinante. 

El Howmet TX y la era de las turbinas en el automóvil

A inicios de los 60, la industria automotriz buscaba alternativas a los motores tradicionales de pistones. Casualmente, durante esos años existía una obsesión por todo lo que tenía que ver con la aviación y la industria aeroespacial.

La llamada Jet Age posicionó a las turbinas como símbolo de modernidad y avance tecnológico. Las marcas automotrices empezaron a desarrollar proyectos para trasladar esa tecnología al automóvil; tenemos, por ejemplo, el caso del Chrysler Turbine de 1963.

Pero no solo grandes compañías como General Motors o Ford entraron a la fiebre de las turbinas, sino también particulares. El Howmet TX nació específicamente de esa tendencia.

El Howmet TX fue presentado en 1968 como un prototipo de competición estadounidense, producto de la idea de Ray Heppenstall, quien había conseguido la financiación de Howmet Aerospace, que aprovecharía el proyecto para hacerse publicidad. Ray Heppenstall comenzó a desarrollar el proyecto después de ver al Rover-BRM en Le Mans y, posteriormente, al STP-Paxton Turbocar competir en Indianápolis.

Ray se unió con Bob McKee, de McKee Engineering, para desarrollar el automóvil. El resultado fue un vehículo que no necesitaba caja de cambios, equipado con turbinas Continental TS325-1, que habían sido creadas para un helicóptero militar que no había llegado a producción y que ofrecían unos 350 CV y 881 Nm de par, además de alcanzar 57,000 rpm.

El modelo de conducción era distinto porque no existía freno motor convencional. Al levantar el acelerador, la turbina no reducía inmediatamente sus revoluciones; el coche seguía avanzando con relativa inercia, lo que obligaba al piloto a anticipar más las frenadas. Para reducir el lag de la turbina se incorporó una válvula wastegate, que permitía liberar gases y reducir el tiempo de respuesta.

El TX compitió en algunas carreras. La primera competencia fue en las 24 Horas de Daytona de 1968. Aunque mantuvo un buen ritmo y llegó a posicionarse en el tercer puesto, desafortunadamente, un exceso de potencia en una curva hizo que el vehículo chocara.

Le siguieron las 12 Horas de Sebring, en donde tuvo problemas con la wastegate, teniendo que abandonar la competencia. Durante las siguientes dos carreras, la Brands Hatch BOAC 500 y Oulton Park, también tuvo dificultades, tanto con el motor de arranque como con la wastegate; sin embargo, esto no desanimaría a Ray y su equipo.

Ray regresó a Estados Unidos y, durante el campeonato SCCA, llegó su tan esperado momento de gloria. El auto consiguió un segundo lugar y un récord de vuelta, consiguió la pole position en el Heart of Dixie Celebration, además, ganó el sprint clasificatorio y después ganó la carrera principal.

Se construyeron originalmente dos Howmet TX, ambos destinados a la competición en 1968. Posteriormente, Bob McKee fabricó dos chasis adicionales, por lo que actualmente se reconocen cuatro ejemplares. El mismo Bob afirmó que actualmente los cuatro sobreviven, aunque, claro, unos en mejores condiciones que otros.

Al final, el TX ha sido el único automóvil con turbina en lograr ganar una carrera. Aunque su tecnología ofrecía mayor potencia, sus mayores desventajas eran el consumo elevado, el retraso en la respuesta del acelerador y un procedimiento de arranque complicado, por lo que el Howmet TX se quedó en solo una buena anécdota del mundo automotriz.

Historia de las luces direccionales

Las luces direccionales: algunos las usan, otros ni siquiera las conocen, pero son un elemento fundamental para la seguridad vial. Y, como ocurre con cualquier componente del automóvil, también han tenido una interesante evolución.

Antes de que las direccionales fueran como las conocemos actualmente, los conductores señalaban sus maniobras sacando el brazo por la ventana. Eso cambió un poco en 1907, cuando el británico Percy Douglas-Hamilton registró una patente que consistía en unas manos instaladas a ambos lados del vehículo que se iluminarían para indicar un cambio de dirección. Sin embargo, la idea nunca pasó del papel y el proyecto no prosperó. En otras partes del mundo, como Francia y Alemania, también surgieron propuestas que se caracterizaban por el uso de solenoides.

Todo cambió en 1914 y, aunque no lo crean, fue gracias a una mujer. Su nombre era Florence Lawrence, una actriz de Hollywood nacida en 1886 y apasionada por los automóviles. Ella diseñó el primer sistema automático para indicar cambios de dirección, el cual funcionaba mediante un brazo mecánico que subía o bajaba con un interruptor eléctrico.

Desafortunadamente, Florence nunca patentó su invento, por lo que los fabricantes pudieron adoptarlo sin pagarle regalías. Años después, en 1925, Edgar A. Walz Jr. patentó un sistema con flechas iluminadas, pero fue Joseph Bell quien, durante la década de 1930, patentó las luces direccionales intermitentes.

Más adelante, casi al finalizar esa década, Buick se convirtió en la primera compañía en equipar de fábrica las direccionales en su modelo Eight. En un principio, las luces solo funcionaban en la parte trasera; sin embargo, al año siguiente, en 1940, la marca también las incorporó en la parte delantera, extendiendo este sistema a toda la gama de General Motors.

Aunque algunos automóviles ya las incluían de serie, en otros modelos era necesario pagar un costo adicional para equiparlas. Claramente las intermitentes que conocemos hoy en día son muy distintas a las actuales, de estar en la parte trasera justo en medio de la cajuela al uso de las luces LED en la actualidad.

Hoy las luces direccionales se han convertido en un elemento fundamental para la seguridad vial, ya que nos permiten avisar a los demás conductores sobre nuestras maniobras. ¡Úsalas! 

La evolución de los faros retráctiles y por qué desaparecieron

En el año 2004 presenciamos la desaparición de los faros retráctiles. El Corvette C5 y el Lotus Esprit fueron los últimos vehículos de producción en tener faros retráctiles, después de desaparecer de la industria, ocasionalmente se han utilizado en conceptos o en autos artesanales como el Ares Panther ProgettoUno, pero hubo una época en la que eran un símbolo de innovación y aunque desaparecieron casi por completo dejaron una huella imborrable en la historia del automóvil.

Los faros retráctiles, también conocidos como escamoteables o pop-up headlights, fueron durante décadas uno de los elementos más característicos del diseño automotriz, bastaba con oprimir el interruptor de las luces para que el automóvil pareciera despertar. 

Aunque puede parecer un elemento bastante moderno, realmente su origen se remonta a 1936, cuando el Cord 810 se convirtió en el primer automóvil de producción en incorporar faros ocultos. En lugar de permanecer visibles, permanecieron escondidos dentro de las salpicaderas y se desplegaban manualmente mediante una manivela cuando era necesario utilizarlas. La idea buscaba mejorar la aerodinámica del vehículo, ya que los faros sobresalientes representaban un obstáculo para el flujo del aire, aunque en realidad el beneficio era menor. Lo verdaderamente relevante de los faros escondidos en aquella época era que el automóvil lucía futurista y diferente a todo lo conocido hasta entonces.

Aunque fue algo muy novedoso, fue un invento adelantado a su época. Fue hasta finales de los años 60 cuando comenzaron a popularizarse entre los deportivos europeos, estadounidenses y japoneses. Modelos como el Lamborghini Miura, Ferrari Daytona, Lotus Esprit o el Chevrolet Corvette encontraron en los faros retráctiles una manera de mantener un frontal completamente limpio sin sacrificar la iluminación nocturna.

La razón principal era tanto técnica como estética. Durante aquellos años los fabricantes buscaban reducir la resistencia aerodinámica para mejorar el desempeño y el consumo de combustible. Los faros retráctiles permitían conservar un cofre bajo y estilizado, algo especialmente importante en los deportivos de motor central o con perfiles muy afilados. Era como tener un automóvil con dos personalidades, cuando las luces permanecían apagadas, el automóvil mostraba una silueta limpia y agresiva; al activarlas, el frente adquiere una personalidad completamente distinta, como si el vehículo "abriera los ojos".

Durante las décadas de 1970, 1980 y buena parte de los noventa vivieron su época dorada. Se convirtieron en un auténtico símbolo de los deportivos y gran turismo de la época, apareciendo en vehículos tan emblemáticos como el Mazda RX-7, Honda NSX, Toyota Supra A70, Ferrari F40, Lamborghini Diablo, Porsche 924, 944 y 928, entre muchos otros. 

En el caso de Porsche, los faros retráctiles adquirieron un papel importante dentro de modelos con arquitectura Transaxle. El Porsche 924 inauguró esta característica en la marca y posteriormente sería compartida por los 944, 968 y 928. Aunque cada modelo utilizaba mecanismos diferentes, todos tenían el objetivo de combinar aerodinámica con un diseño limpio y elegante. Con el paso del tiempo, estos sistemas también evolucionaron para ser más ligeros, silenciosos y fiables.

¿Por qué desaparecieron? El éxito de los faros retráctiles comenzó a desvanecerse a finales de los años noventa. El principal motivo fue la evolución de las normas de seguridad para peatones. En caso de atropellar a alguien, un mecanismo sobresaliente y rígido representaba un mayor riesgo de lesiones, por lo que los fabricantes comenzaron a abandonarlos. Además, los avances en iluminación permitieron fabricar faros mucho más compactos utilizando proyectores, lentes de policarbonato y, posteriormente, tecnología LED, eliminando la necesidad de esconderlos para conseguir un diseño aerodinámico.

A lo anterior se sumaban factores como el costo de fabricación y mantenimiento. Los sistemas retráctiles incorporan motores eléctricos, engranajes, bisagras y mecanismos adicionales que incrementan el peso y el precio de las reparaciones.

Hoy, los faros retráctiles son un símbolo de la nostalgia de la edad dorada de los deportivos. Más allá de su utilidad, representaron una época en la que la ingeniería también buscaba sorprender y emocionar, capaces de convertir algo tan simple como encender las luces, en un espectáculo inolvidable.

Autos híbridos VS eléctricos

Por mucho tiempo, los coches de combustión dominaron el mercado, sin embargo, en los últimos años han surgido más opciones y la conversación cambió, ahora puedes elegir entre híbridos, eléctricos o de combustión. Cuando los autos más amigables con el ambiente comenzaron a hacerse más populares (porque nuevos no eran), las marcas no dudaron en lanzar versiones eléctricas de modelos antiguos y emblemáticos. Hoy en día existen muchos debates al respecto, pero ¿sabes en qué se diferencian los eléctricos de los híbridos?

Empecemos por los híbridos...

La tecnología híbrida tiene como objetivo consumir menos gasolina y emitir menos gases contaminantes. Esto lo logra gracias a una combinación, por así decirlo, 50/50: un motor de combustión apoyado por un motor eléctrico. A veces cada uno trabaja por sí solo y, en otras ocasiones, funcionan en conjunto. La energía eléctrica de este sistema proviene de una batería que recupera energía a través del frenado regenerativo.

Pero… no todos los autos híbridos son iguales. Existen los híbridos en paralelo y en serie. El paralelo es aquel en el que el motor de combustión se utiliza principalmente para el arranque y es asistido por el motor eléctrico; aunque ambos están conectados al sistema de tracción, el motor de gasolina es el que realiza la mayor parte del trabajo.

El híbrido en serie, por otro lado, es un sistema más avanzado, ya que el motor de gasolina se utiliza como generador de energía para alimentar al motor eléctrico, lo que da una experiencia de conducción más cercana a la de un vehículo eléctrico.

Ahora, ¿cuáles son sus ventajas y desventajas?

En primer lugar, como punto positivo, están las emisiones: tener un híbrido reduce los gases de efecto invernadero. En segundo lugar, otro beneficio es el ahorro de combustible, al combinar ambos sistemas, se utiliza menos gasolina, lo que permite que el tanque rinda por más tiempo. Tercero, requieren menos mantenimiento, al usar energía eléctrica a bajas velocidades, el motor se desgasta menos y los frenos, gracias al sistema de frenado regenerativo, también suelen tener menor desgaste.

Las principales desventajas se encuentran en una menor potencia, algunos híbridos pueden ser menos potentes porque sus motores son más pequeños, lo que se traduce en una aceleración más baja. También su costo de venta es más elevado que el de un auto de gasolina, ya que la tecnología incrementa el precio final. Y, aunque el mantenimiento puede ser menos frecuente, cuando se requiere, suele ser más costoso que el de un coche tradicional.

Los coches eléctricos…

Un coche eléctrico es un vehículo que utiliza energía eléctrica en lugar de combustibles fósiles para moverse. Su principal objetivo es ofrecer una alternativa de movilidad más eficiente y con menor impacto ambiental, reduciendo las emisiones contaminantes. En lugar de un motor de combustión, estos autos funcionan con uno o más motores eléctricos alimentados por una batería recargable.

Los autos eléctricos funcionan con la electricidad que se almacena en una batería de alto voltaje, la cual suministra energía al motor eléctrico cuando el conductor acelera. Este motor convierte la energía eléctrica en movimiento, impulsando directamente las ruedas. A diferencia de los autos tradicionales, no hay explosiones internas, lo que hace que el proceso sea más eficiente y silencioso. Además, muchos vehículos eléctricos cuentan con sistemas como el frenado regenerativo, que permite recuperar parte de la energía al frenar y devolverla a la batería.

¿Me conviene un auto eléctrico?

Entre sus principales ventajas se encuentra, en primer lugar, la ausencia de emisiones contaminantes durante su uso, lo que contribuye a reducir el impacto ambiental. En segundo lugar, requieren menos mantenimiento, ya que tienen menos componentes y no necesitan cambios de aceite u otros servicios típicos de los motores de combustión. Y tercero, el costo de operación suele ser menor, debido a que la electricidad es más económica que los combustibles tradicionales.

Sin embargo, también presentan algunas desventajas. Una de ellas es su autonomía limitada en comparación con los autos de gasolina, lo que puede ser un inconveniente en trayectos largos. Otra es el tiempo de recarga, que es considerablemente mayor que el de llenar un tanque de combustible. Por último, la infraestructura de carga aún es limitada en muchos lugares, lo que puede dificultar su uso cotidiano dependiendo de la zona.

Al final, todo depende del estilo de vida de cada persona. Tú, ¿qué prefieres, híbrido, eléctrico o sigues siendo fan de los autos de combustión? 

F1 2026: ajustes urgentes antes de Miami para salvar el espectáculo

La temporada 2026 de Fórmula 1 apenas comienza… y trás varias críticas, no solo de pilotos  y equipos sino de seguidores que hasta han dejado de ver la máxima categoría (según encuestas de audiencia) ya está siendo ajustada sobre la marcha. A pocos días del Gran Premio de Miami, la FIA  ha decidido intervenir en el reglamento técnico, en un intento por corregir problemas que se  detectaron desde las primeras carreras del año.

El problema está en la nueva generación de unidades de potencia, que introducen un equilibrio casi del 50% entre energía eléctrica y motor de combustión. Aunque esta transición responde a objetivos de sostenibilidad y eficiencia, en la práctica ha generado efectos no deseados: diferencias de velocidad peligrosas en pista y una conducción menos natural.

Uno de los cambios más relevantes es la reducción de la energía que los pilotos pueden recuperar por vuelta en clasificación. Esto busca evitar que los pilotos tengan que levantar el pie constantemente para gestionar la batería, una práctica conocida como lift and coast, y, en cambio, permitir vueltas más agresivas y cercanas al límite.

A la par, se incrementa la potencia del sistema eléctrico en ciertos momentos, el llamado “super clipping”, lo que permitirá mantener velocidades más consistentes y reducir las diferencias bruscas entre coches. Estas variaciones de ritmo habían sido señaladas como un riesgo importante, especialmente tras el incidente de Oliver Berman en el GP de Japón, mientras algunos monoplazas circulaban mucho más lento, otros iban a máxima velocidad.

Otro ajuste clave es la limitación del boost o empuje extra de potencia, ahora con un tope más controlado. La intención es evitar picos de velocidad impredecibles que puedan comprometer la seguridad, especialmente en rectas largas o en situaciones de adelantamiento.

También se están introduciendo cambios enfocados directamente en la seguridad. Entre ellos, nuevos sistemas para estandarizar las salidas de carrera, evitando diferencias excesivas entre auto y modificaciones en condiciones de lluvia, donde el comportamiento de los coches había generado inquietudes.

Estas modificaciones no representan un cambio total de reglamento, sino más bien un ajuste. La propia Fórmula 1 busca evitar una reacción exagerada y, en su lugar, corregir lo necesario sin desestabilizar completamente esta nueva era técnica.

Miami, en este contexto, se convierte en una especie de laboratorio, lo que ha caracterizado el inicio de esta temporada. Será la primera gran prueba para evaluar si estos cambios logran lo que prometen: carreras más naturales, pilotos empujando al límite y, sobre todo, mayor seguridad en pista.

El equilibrio entre tecnología, espectáculo y seguridad en esta primera ronda de temporada sigue siendo un reto en constante evolución.

El vehículo de Toyota que busca conquistar la Luna

Después de más de medio siglo, el ser humano volvió a viajar tan lejos de la Tierra como no lo hacía desde el programa Apollo program. La misión Artemis II marcó un hecho histórico al llevar una tripulación en un sobrevuelo alrededor de la Luna, sin realizar un aterrizaje, siguiendo una trayectoria de ida y vuelta diseñada para probar sistemas y recopilar información clave.

No solo fue un regreso simbólico, esta misión representa un paso estratégico dentro de un objetivo mucho más ambicioso: que, hacia la próxima década, la presencia humana en la Luna deje de ser esporádica y evolucione hacia el establecimiento de infraestructura permanente.

El proyecto de habitar la Luna ha sido, durante décadas, uno de los objetivos más ambiciosos de la NASA. A través de su programa Artemis program, este anhelo comienza a tomar forma.

En los últimos años, la industria automotriz ha buscado aportar su experiencia en movilidad, diseño y resistencia en entornos extremos para contribuir a este tipo de misiones. Un ejemplo de ello es Toyota, que, en colaboración con la JAXA (Agencia de Exploración Aeroespacial Japonesa), ha desarrollado el Toyota Lunar Cruiser, un vehículo concebido específicamente para operar en la superficie lunar como parte de esta nueva etapa de exploración.

Fue durante el 2019 que JAXA y Toyota firmaron un acuerdo de investigación conjunta para trabajar en un vehículo lunar tripulado presurizado. En el 2020 anunciaron que el vehículo había sido bautizado como LUNAR CRUISER, nombre que hacía referencia a la SUV Toyota Land Cruiser y que, al igual que la SUV, el Lunar Cruiser debía caracterizarse por su calidad, la durabilidad y la fiabilidad para mantener con vida a los tripulantes en el complejo entorno lunar.

En el comunicado también se dio a conocer que el fabricante de neumáticos Bridgestone se uniría para el desarrollo e investigación de los neumáticos del vehículo.

Su primera prueba la realizaron el año pasado. Toyota visitó la NASA y presenció la primera prueba del prototipo del Lunar Cruiser.

El vehículo presurizado mide 6 metros de largo, 5,2 metros de ancho y 3,8 metros de alto, aproximadamente el tamaño de dos microbuses. Con una cabina de unos 7 metros cuadrados, el vehículo se está desarrollando para proporcionar un espacio habitable a los astronautas mientras exploran la superficie lunar.

Además, el vehículo se caracteriza por su gran avance tecnológico, ya que debe soportar una gravedad seis veces menor que la de la Tierra, una superficie cubierta de arena fina y temperaturas que oscilan entre -170 y 120 °C.

El vehículo sigue en desarrollo constante, pero se espera que esté listo para la siguiente misión en la que se tiene prevista la participación de dos astronautas japoneses.

Los resultados de esa primera prueba los puedes ver en el siguiente video: