

Pocas marcas automotrices han mantenido una identidad tan definida como Citroën. Desde cualquier ángulo, un Citroën resulta fácilmente reconocible, pues se trata de una firma que nunca ha tenido miedo de innovar desde sus inicios, allá por 1919.
Pero no nos adelantemos tanto. Su fundador, el ingeniero André Citroën, nació el 5 de febrero de 1878 en París, Francia, en el contexto de una familia dedicada a los negocios, aunque sin relación alguna con el mundo de los motores. Sin embargo, él sabía que la innovación y la ingeniería formaban parte de su esencia, por lo que se graduó como ingeniero en la École Polytechnique.


Aunque en sus primeros años no estuvo enfocado en los automóviles, pronto comprendió que aquel era el campo ideal para desarrollar todas sus ideas. Así, en 1908 comenzó a involucrarse de lleno en la industria automotriz.
Citroën era alguien que no tenía reparos en ser revolucionario. De su fábrica en Quai de Javel, en París, salió su primer automóvil: el Type A 10 HP, equipado con un motor de cuatro cilindros y 1,327 cm³ capaz de alcanzar los 65 km/h. Y vaya que comenzó con paso firme, pues este modelo se convirtió en el primer automóvil de turismo producido en serie en Europa y en el primer vehículo francés con volante a la izquierda.


Type A 10 HP
André pensaba en todo. Su preocupación no se limitaba únicamente a la fabricación, también comprendía la importancia del bienestar de sus trabajadores. Citroën destacó por incorporar mano de obra femenina y establecer servicios sociales sin precedentes para la época, como comedores y guarderías para las empleadas con hijos. Además, en 1927 se convirtió en el primer empleador francés en pagar un decimotercer mes de salario a sus trabajadores.
También fue uno de los primeros empresarios en prestar verdadera atención a la posventa. Contaba con una red de reparadores, catálogo de refacciones, garantías, alquiler de automóviles y sistemas de venta a crédito. Por si fuera poco, fue pionero en dirigir parte de su publicidad hacia las mujeres, algo prácticamente impensable en aquellos años, demostrando una visión adelantada a su tiempo en todos los aspectos de su negocio.


En materia de marketing también fue un auténtico pionero. Cuando no organizaba expediciones por África y Asia para promocionar sus vehículos, realizaba campañas publicitarias espectaculares, como aquella ocasión en la que iluminó la Torre Eiffel con 250,000 focos que formaban el nombre de Citroën.


Traction Avant
Dentro de todo este universo empresarial, los automóviles seguían siendo la cereza del pastel. Ejemplos de su pensamiento disruptivo fueron el B10 (1924), considerado el primer automóvil europeo con una carrocería completamente de acero, y el revolucionario Traction Avant (1934), pionero en popularizar la carrocería monocasco y la tracción delantera.
Desafortunadamente, André no llegó a ver el éxito de este último modelo, pues falleció en 1935 a causa de un cáncer de estómago.


Citroën 2CV
Para entonces, la empresa había pasado a manos del fabricante de neumáticos Michelin debido a problemas financieros. Bajo la dirección de Pierre-Jules Boulanger se desarrolló el proyecto Toute Petite Voiture, que, tras una pausa por la Segunda Guerra Mundial, evolucionó hasta convertirse en el Citroën 2CV en 1948. Concebido como un vehículo accesible para el entorno rural, podía transportar a dos personas y 50 kilos de carga a una velocidad máxima de 60 km/h. Aunque su diseño inicialmente fue recibido con escepticismo, con el tiempo se convertiría en uno de los grandes símbolos de la cultura popular francesa.
En 1955 llegó el DS, apodado "El Tiburón", una auténtica visión del futuro diseñada por Flaminio Bertoni. Equipado con la revolucionaria suspensión hidroneumática, era capaz de seguir circulando incluso con una llanta menos. Para demostrar la eficacia del sistema, un concesionario recorrió la distancia entre París y Le Havre sobre tres ruedas, manteniendo una velocidad media cercana a los 80 km/h sin que el buje llegara a rozar el pavimento.
La gama de Citroën continuó creciendo durante la década de 1960. En 1961 apareció el Ami, un vehículo inspirado en el 2CV que se convirtió en un importante éxito comercial. Seis años después llegó el Dyane, concebido como una evolución más moderna del concepto original y que, aunque no alcanzó la popularidad de su predecesor, obtuvo una buena aceptación el mercado.


Citroën DS
Sin embargo, la década de 1970 volvió a traer dificultades económicas. La crisis del petróleo y la escasa aceptación comercial del GS Birotor afectaron seriamente las finanzas de la compañía. En 1976, para garantizar su supervivencia, Citroën se unió a Peugeot para formar el Grupo PSA Peugeot Citroën. Aunque la alianza significó la pérdida de su independencia empresarial, Citroën logró conservar la personalidad que lo había caracterizado desde sus orígenes.


Citroën CX
Bajo esta nueva estructura nació el CX, sucesor del DS, acompañado por modelos más convencionales como los LN, LNA y Visa. Ya en los años ochenta, mientras la marca continuaba modernizándose sin renunciar a la suspensión hidroneumática, llegaron modelos como el BX, XM y Xantia, que gozaron de una notable aceptación entre el público.
La década de 1990 demostró que Citroën también podía destacar en la competición. El ZX conquistó el Rally Dakar en cuatro ocasiones, mientras que el Xsara alcanzó ocho títulos del Campeonato Mundial de Rally. Junto con modelos como el Xsara Picasso y el Saxo, contribuyeron a consolidar el prestigio internacional de la marca de los dos chevrones.


Citroën Xsara
Durante los años 2000, Citroën volvió a apostar por diseños atrevidos y soluciones poco convencionales. Modelos como el C4 destacaron por detalles innovadores, entre ellos su peculiar volante con centro fijo, mientras que la legendaria suspensión hidroneumática se mantuvo viva en vehículos como el C5 y el elegante C6, considerado hoy uno de los últimos grandes exponentes del confort a la francesa.


Citroën C4
La década siguiente marcó una nueva transformación para la marca. En 2009 nació DS como división premium inspirada en el célebre DS de 1955, mientras Citroën reforzó su identidad basada en el confort, la originalidad y la accesibilidad. Tras integrarse en Stellantis en 2021, la firma ha orientado sus esfuerzos hacia la movilidad eléctrica con propuestas como el Ami y el ë-C4, demostrando que la innovación y la comodidad siguen siendo pilares fundamentales de su filosofía.