

En la década de los 70, un auto con un nombre peculiar vio la luz. La marca estadounidense AMC lanzó su automóvil llamado Gremlin, inspirado en aquellas criaturas que podían descomponer tu televisor o cualquier cosa electrónica.
El diseño que llamó la atención estuvo a cargo de Dick Teague, diseñador en jefe de AMC. Lo curioso del caso es que el primer boceto lo realizó inspirándose en la parte trasera de una bolsa de vómito de Northwest Orient Airlines. El Gremlin se convirtió en una buena apuesta para AMC.


En esa época, AMC sufrió falta de presupuesto; había apostado todo al Hornet y además había adquirido por 70 millones de dólares la división de Jeep de Kaiser Motors. Entonces, ¿por qué producir el Gremlin? La respuesta: una batalla abierta contra las importaciones japonesas de coches ligeros, compactos y de calidad.
Obviamente, tenían que mantener todo a bajo costo. Su desarrollo se realizó con componentes heredados del Hornet. El Gremlin tuvo que usar los motores de seis cilindros en línea con un árbol de levas en el bloque, frenos de tambor en las cuatro ruedas, la transmisión manual de tres velocidades que carecía de primera marcha sincronizada y, además, la suspensión trasera, solo con un poco de modificaciones.


Careció de un solo detalle: no tenía una cajuela aparente y accedía a ese espacio por la ventana trasera que funcionaba como escotilla.
El Gremlin, según su diseñador, no tenía mucho estilo, pero sí carácter y distinción. Teague lo describió como “una minivan encantadora”. En cuanto al precio, era muy competitivo; era uno de los más baratos del mercado, con un precio inicial de $1,879 dólares en los 70.


Entre 1970 y 1978 se vendieron 671,475 unidades. Su mejor año, sin duda, fue durante 1974; un año antes, el embargo de petróleo que se originó debido a conflictos bélicos ocasionó que el precio del combustible se disparara lo que lo convirtió al Gremlin en el 2do auto más vendido de AMC.