

Hoy en día los superdeportivos los encontramos a la vuelta de la esquina, pero había una época en la cual eran rarezas y para las marcas era toda una proeza diseñar y producir un hypercar. El fenómeno y furor de los hypercars realmente empezó en el 2005 con el Bugatti Veyron, aunque en la década de los 60 el Miura de Lamborghini sentó las bases para los superdeportivos; después del Miura existieron proyectos que buscaban replicar su éxito .
Toyota entró a la carrera espacial de los hypercar en la década de los 70 con el Toyota EX-7 y su historia comienza así…
En el 66, la FIA incluyó el famoso Grupo 7, una categoría que permitía a los constructores ser más arriesgados y construir máquinas más rápidas. Esta categoría fue adoptada por muchas carreras como el Gran Premio de Japón, antes de que se convirtiera en parte del calendario de Fórmula 1.
En 1967 Toyota lo apostó todo por entrar al Grupo 7. La marca nipona se asoció con Yamaha para crear el Toyota 7, o como lo llamaban en código, el 415S. Al poco tiempo el Toyota 7 se convirtió en turbo, pero desafortunadamente lo sacaron de las pistas en 1970 debido a que Minoru Kawai falleció en un accidente en una prueba en Suzuka.


A pesar del trágico accidente que no solo terminó con la vida del joven piloto, sino con el retiro de Toyota del Gran Premio de Japón, uno de los chasis se utilizaría para la creación del prototipo del hypercar EX-7.
El chasis fue modificado para que pudiera circular por la calle, sin embargo, mantuvo la suspensión independiente, los amortiguadores ajustables en altura, una transmisión manual Aisin SR-55 de 5 velocidades reforzada con un embrague de triple disco de alta resistencia y el sistema de frenos de cuatro discos.


Para mantener la potencia que lo caracterizaba, utilizaron el mismo V8 de 5.0 litros a 90 grados con inyección electrónica de combustible denso que impulsaba el coche de carreras, pero redujeron el poder, de 800 a 450 hp, que para esos tiempos eran bastantes.
En cuanto a la carrocería, la hicieron completamente nueva. El diseño era muy futurista y aerodinámico, con una estructura baja que hasta el momento no se había visto en Toyota. Mantenía un ángulo pronunciado, con un parabrisas amplio, techo de vidrio y un trasero ancho en forma de cuña, pero sin duda lo que más llamaba la atención del prototipo era la forma de sus puertas, pues se abrían junto con el techo verticalmente hacia la parte trasera. Y, como un plus, contaba con un sistema que, al presionar un botón, los asientos se elevaban para que fuera más fácil subir al automóvil.


El Toyota EX-7 hizo su aparición por primera vez en el Salón del Automóvil de Tokio en 1970. Era obvio que el EX-7 iba a causar un gran impacto; tal fue su éxito que muchos estaban dispuestos a pagar lo que fuera por tener uno. Desafortunadamente, en el plan de Toyota no contemplaba lanzarlo a producción.
El prototipo de 1970 fue el único que se fabricó, se vio solo un par de veces durante el año y después desapareció. No se sabe qué fue de él, los rumores dicen que se desmanteló, pero otros aseguran que aún está en manos de Toyota.


El Toyota EX-7 queda como un recuerdo de lo que pudo haber sido el primer superdeportivo japonés de producción.
Años más tarde, en 1990, Honda ocuparía el vacío que dejó el prototipo de Toyota, aventurándose con el NSX, modelo que se convirtió en el primer superdeportivo de producción en masa de Japón.