

En 2008 BMW llevó el auto del futuro a otro nivel con su concepto GINA Light Visionary Model, un automóvil que decidió que el problema no era cómo diseñar la carrocería del futuro, sino preguntarse si realmente necesitábamos una carrocería como las que conocíamos.
A primera vista, el GINA parece un roadster salido de una película de ciencia ficción. Lo que definitivamente no cuadraba era su carrocería nada convencional. En lugar de cofre, puertas, salpicaderas y demás paneles rígidos, BMW colocó una estructura metálica cubierta por una especie de piel textil flexible.


El nombre GINA viene de Geometry and Functions In “N” Adaptions, un principio desarrollado por BMW Group Design para explorar nuevas posibilidades de diseño y funcionalidad. La intención no era crear simplemente otro prototipo espectacular para un salón del automóvil, sino utilizarlo como un objeto de investigación, una forma de cuestionar cómo debía ser el automóvil y qué tanta libertad podía tener un diseñador para cambiarlo.
La estructura del automóvil estaba formada por una cantidad mínima de elementos metálicos, cubiertos por un tejido especial resistente al agua, a las temperaturas extremas y a la expansión constante. Debajo de esa superficie había una estructura de metal reforzada en determinados puntos con fibra de carbono, capaz de modificar algunas de sus formas mediante controles electro hidráulicos y eléctricos.
Los faros permanecían ocultos debajo de la tela cuando no eran necesarios. Al encenderlos, la estructura situada debajo movía la cubierta y la abría a ambos lados de la característica parrilla de BMW, revelando los grupos ópticos.


Pero no era el único truco, la parte trasera también podía modificar su forma. El spoiler podía elevarse automáticamente cuando el automóvil alcanzaba determinada velocidad para generar mayor carga sobre el eje trasero. Los laterales, por su parte, podían cambiar su configuración para modificar el flujo de aire y mejorar la aerodinámica.
Cuando el automóvil necesita mayor entrada de aire, la estructura metálica situada debajo de la tela se mueve y modifica la tensión de la superficie. La tela permanece estirada, pero aparecen nuevas líneas y formas en la carrocería.
El GINA no tenía una carrocería que simplemente estaba ahí, sino que reaccionaba dependiendo las necesidades de conducción.


Probablemente una de las partes más curiosas estaba en la zona del motor. En lugar de levantar un cofre convencional, la cubierta textil se abría desde el centro y se desplazaba hacia ambos lados, dejando acceso a los puntos de servicio del motor.
Las puertas tampoco se comportan como las de un automóvil convencional, se abrían hacia afuera y hacia arriba. Al hacerlo, la tela formaba pliegues perfectamente definidos; cuando las puertas vuelven a cerrarse, la superficie recupera su tensión y los pliegues desaparecen.
La tecnología del concepto GINA no estaba pensada solamente para hacer al automóvil más espectacular, también buscaba crear una relación diferente entre el conductor y el coche.


Chris Bangle, entonces responsable del diseño de BMW, explicaba que este tipo de flexibilidad podía llegar a los automóviles de producción en el futuro, permitiendo incluso que cada propietario configurara su vehículo de acuerdo con sus propias necesidades. Pero el GINA no estaba pensado para convertirse directamente en un modelo de producción.
El GINA nunca necesitó llegar a una agencia para cumplir su propósito. Su función era provocar preguntas, experimentar con materiales, explorar nuevas formas de fabricación y demostrar que el diseño automotriz podía ser mucho más flexible de lo que se había imaginado.